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reflejo


Somos frágiles.
Más de lo que creemos.
Más de lo que nos gusta reconocer.  

Se nos rompen los dientes y se nos escama la piel. Se nos cae el pelo.
Se nos duermen las piernas y un folio entre los dedos nos produce la mayor de las torturas.   

Nos ennegrecemos si nos pegan y nos revienta las venas un pellizco en la mejilla.  

Resulta que un padrastro mal arrancado nos hace ver las estrellas, una bofetada termina de cuajo con nuestra dignidad y pillarnos un dedo con la puerta hace que vengan a nuestra mente las formas más dramáticas de desmayarnos de dolor.

Si. Somos una mota de polvo.
La insignificancia personificada en una reproducción universal.

Despreciablemente blandos.

Nos rompen el corazón.
Nos destrozan las ilusiones.
Nos empequeñecen los disgustos.

Somos más ínfimos que la nimiedad de una gota de lluvia en el mar.  

Pretendemos ser todo no siendo más que una versión adulterada de un Narciso al borde de un acuoso abismo.

Convencidos de que lo que hagamos no tendrá ni secuelas, ni resultados.

De que hacer lo que  nos plazca estaba escrito en nuestras venas.

No somos más que miserables humanos.

ya no.


Tu cara. Tu cara en un halo de imaginación superlativa. Tu cara pegada a tu cuello pegado a tu cuerpo. Ahí. Con el viento acariciando tu pelo y entrecerrando tus ojos.

Tu boca susurrándome al oído las palabras más bonitas que puedo imaginar. Susurrándome que las nubes se licuan hasta empaparte el alma si yo no estoy a tu lado.

Y Plutón que se enfade porque ya no es un planeta y coja carrerilla para pegarle una patada a la luna, que deja de iluminar tus noches. Total – dices – no estás a mi lado para mirarte bajo su reflejo. Qué me importa si en lugar de la luna ponen una pelota de pin-pon gigante o un agujero negro que se lleve por delante y poco a poco todo lo que le rodea. Me importa más que me ciegue el brillo de tu pupila y me den los buenos días las puntas de tus dedos.

Y yo, regodearme en la necia felicidad que se me escapa por el pequeño espacio que hay entre mi carne y mis uñas. Dibujando flores en los edificios junto a los que camino cuando voy a verte.

Que por mí, encuentres la forma de terminar con la última mariposa del planeta. Aunque una humanidad y media te odie para siempre. Aunque pases a la historia como El Que Extinguió A Los Únicos Insectos Que Molaban. Y que yo te diga que no saben lo que dicen, que si hay un insecto que mole, ese es la mariquita. Y que me mires y sonrías, pensando que podrías beber tequila en mis hoyuelos.

Si. Tu cara en un halo de imaginación superlativa. Tus ojos color bosque. Tus manos.

Todo eso me imagino.

Y si dicen que la realidad supera la ficción, a mí me esperan las historias más elaboradas del planeta.  

Tempestad

Me gustaba el tornado en tu mejilla cada vez que sonreías.
La espiral en tu pupila que me hacía enloquecer cada vez que me mirabas.

Me dejaba llevar por la corriente de tu voz hasta perder el control
y me encantaban las ráfagas de amor y desenfreno que despertabas con tu aliento, formando un torbellino entre mis sábanas.

Y yo.
Y yo.

Yo, que era un vendaval, un ciclón, una tempestad cuando te acercabas.

Yo que transformaba todo mi ser para fundirme junto a ti en una amalgama de tequieros y abrázames.

Yo, que enloquecí junto a ti y me producía urticaria cada segundo sin tu piel.

Tú, con remolinos en tus dedos acariciando mi espalda.
Tú y la vorágine con la que empapelaste mi vida.

Tú. Arrastrando contigo el último ápice de mi cordura.

Y yo mientras tanto, ajena, entreteniendo mis horas muertas jugando con tus labios.
Que la cama más pequeña del mundo deja demasiado espacio entre tú y yo.

Que un pedazo de tela entre nosotros se me antoja un muro de acero.




Que quién quiere una almohada pudiendo dormir entre tus brazos.

Por los siglos de los siglos

“Dame un beso”

Suplicó con esos ojos suyos que me arrastraban sin remedio al torbellino de su pupila y jugaban conmigo a su antojo durante horas mientras me sumergían en su dulce remolino.
Obviamente lo hice. La besé, no sé si como ella quería pero sí como yo necesitaba. Sentí sus labios suaves rozando los míos mientras recorría con las palmas de mis manos los nudos de su espalda. La apreté fuerte contra mí, hasta que pude adivinar cada una de sus costillas oprimidas entre las mías.

‘Justo aquí quiero que se pare mi vida’

Para sentirla así, como ahora.
Tan pequeña entre mis brazos.
Tan morena de ojos verdes.
Con su olor a hierbabuena.

Revolvió mi pelo con maestría, como si de pronto hubiese aterrizado en el sillón de la peluquería. Jugueteó con los mechones rebeldes de mi cabeza y desordenó y enmarañó el poco equilibrio que quedaba en mi azotea.

‘En este instante’

Con sus películas de noche y sus discos en el coche.

Sentí su aliento oxigenando mi rostro y respiré el aroma que salía de su boca mientras las puntas de su melena cosquilleaban mi cuello desnudo.

‘Aquí’

Con la música de su paladar retumbando en mis oídos y los tacones de sus pestañas clavándose en mis ojos.

‘Para siempre en tu pupila’

mmm...

A mí la sangre no me la altera la primavera.

Me la alteras tú.
Con
esos lunares que asoman traviesos
entre los límites de tu escote
cuando el calor hace
que salga a la luz tu piel
suave.
De seda.


Podría decir mil cosas,

pero para qué,
si se resume con decir
que sin ti,
la vida es como un caramelo sin azúcar
…que sí, está rico
pero, no sé, le falta algo.


Stacy


Y, al final,

todo se reduce a

buscar alguien

que te empuje a

hacer

lo que sabes

que terminarás
haciendo.


Imagen: Arbogast

el hueco de tu ausencia

Me gustaba cuando se cruzaba de brazos en mitad de la calle y decía ¡beso! Como exigiendo una compensación por alguna de las insolencias que a veces se me ocurrían decir, como que me gustaban las películas sangrientas o que detestaba a los gatos.

Me gustaba que fuese como una niña pequeña, que corretease a mi lado como intentando alcanzar una bolsa de gominolas de mi mano, con la misma emoción, ¿sabes?

Me gustaba que fuese como una niña, sí, pero una traviesa, que se despertaba entre mis sábanas rebosando sensualidad y con ojos lujuriosos que me miraban como mira agazapado tras un arbusto un cazador a un ciervo. La diferencia es que lo que para el ciervo sería agónico dolor, para mí sería orgásmica culminación de la cual acabaría descansando acurrucado en sus abrazos. Mientras el ciervo exhalase su último aliento, yo me quedaría ahí, oliendo su champú de frutas del bosque de la sección de niños del supermercado, porque era así. Como una niña. Una niña grande e inocente, pero con alto contenido erótico y un tanto obsceno.

“¿Y qué si digo que puedo esconderme en tu pelo y quedarme a morir allí?”

-Después de mi vendrá otra, lo sabes - Me dijo, con su caída de ojos dominando el universo.

“Después de ti, vendrá tu ausencia. Y con ella el vacío del sofá oliendo a tus camisetas de dormir, y con él vendrán las madrugadas prediciendo el futuro en tus arrugas”.

-No lo sé - contestaba, admitiendo su hegemonía.
-Yo siempre te querré.

“Y yo a ti, por mis inviernos en tu risa, por tus besos de tornillo a mi antipatía”

-Sí…

Me gustaba que en sus pantorrillas se acabara el mundo y en su boca comenzaran mis mañanas.



**Gracias. Por echarme un cable (o más de uno). Por ser tan estupendo. Y diría algo más pero sería blasfemar ;)
Por ser Lázaro Suárez.

21

¿Sabes esa sensación de sentirte tan pequeña como el agujerito de un alfiler?
Si, tan insignificante como una mota de polvo chocando contra una pompa de jabón.
Tan mediocre como una miga de pan aplastada entre los dedos.
¿Lo sabes?

Yo me siento así todos los días. Como ínfima, ridícula y despreciable.
Como si fuese tan fácil odiarme y tan, tan difícil quererme.
Como si nadie fuese capaz de quererme.
Como si viese mi existencia a través de una pecera y pensase: “Madre mía, qué asco sería ser ella”

Pues sí, todo un asco ser yo.

Porque soy imbécil,

confiada y a la vez desconfiada,

idiota

estúpida

tonta

insensata

inocente

ilusa

ingenua

imprudente

irreflexiva

irracional

absurda

ilógica

tonta, tonta, tonta.


Si, no sé, muy fácil odiarme y muy difícil quererme.

En resumen.

Sólo me apetece...

Abrazarte hasta que la delgada línea de oxígeno que nos separa desaparezca por completo.

Mirarte hasta que mi cristalino lo desenfoque todo menos a ti.

Hablarte hasta quedarme sin voz.

Besarte hasta que los labios me quemen al contacto de tu piel.

Acariciarte hasta que la huella dactilar desaparezca de mis dedos.

Escucharte hasta hacer de tu voz la banda sonora de mi vida.

Quererte hasta que duela.

Y, sí. Parece que ese es el plan.

3' 57''

Y vivir la vida a cada 3 minutos 57 segundos.

Sí, no sé si me explico.

Que ahora pienso esto y dentro de 3 minutos 57 segundos, pienso justo lo otro.

Y parece que lo primero ya no tiene ni sentido.

Y hay minutos que parece que el corazón se me sale por la boca.

Pero luego llega el cerebro y me lo mete otra vez para dentro, hasta el fondo, donde no lo sienta. Ni lo oiga.

Y yo me quedo en medio, mediando entre los dos. Yo.

Y el Ello mi corazón.

Y el Superyo mi cabezota estúpida.

Y el Yo se acurruca en una esquina sin poder decidir, sin siquiera poder moverse.

Y la única fuerza que encuentra la usa para comparar su interior a las teorías de un austriaco chiflado.

Y hasta ve sentido donde nunca antes lo vio.

devenires extraños

Te pierdes entre los torbellinos de mi pelo
y
me pides que me quede,
al menos,
hasta que mi aroma se haga tuyo.

Hasta que el mundo no sea mundo más allá de estas cuatro paredes.

Pero el mundo nunca dejará de ser mundo.
Y mi aroma seguirá siendo mío.
No tuyo.
Y me dices que,
entonces,
me quede para siempre.
Hasta que tu pecho
se funda con el mío.
Y no puedo.

Todo se humedece mientras me voy. Y el mundo me recibe de vuelta con el sonido del tráfico, un desgraciado pidiendo dinero y una madre gritándole a un hijo. Parece que hasta me miran para darme la bienvenida y preguntarme dónde me había metido.

He estado donde los coches no gritan.
Donde por la calle sólo se ve gente queriéndose.
He estado viviendo con una sonrisa puesta
porque no escuché ninguna noticia horrenda
que me la quitase.
Vengo de un universo del que nunca debí salir.

¿Por qué lo hiciste?

No lo sé, tú me empujaste. Me asustaste con ese amor que se te escapaba a bocajarro por los ojos.

El mundo me recibe con los brazos abiertos, con su miseria lista para reencontrarse conmigo y reírse de mí. De la forma más cruel sigue dibujando la expresión de tu rostro cuando abrí aquella puerta, repitiéndose en mi cabeza una y otra vez.

Y sé que lo hice mal, pero sé que nunca podré volver.

Te echo tanto de menos.

Nunca lo admitiré pero yo te querré por siempre.


***