Me gustaba el tornado en tu mejilla cada vez que sonreías.
La espiral en tu pupila que me hacía enloquecer cada vez que me mirabas.
Me dejaba llevar por la corriente de tu voz hasta perder el control
y me encantaban las ráfagas de amor y desenfreno que despertabas con tu aliento, formando un torbellino entre mis sábanas.
Y yo.
Y yo.
Yo, que era un vendaval, un ciclón, una tempestad cuando te acercabas.
Yo que transformaba todo mi ser para fundirme junto a ti en una amalgama de tequieros y abrázames.
Yo, que enloquecí junto a ti y me producía urticaria cada segundo sin tu piel.
Tú, con remolinos en tus dedos acariciando mi espalda.
Tú y la vorágine con la que empapelaste mi vida.
Tú. Arrastrando contigo el último ápice de mi cordura.
Y yo mientras tanto, ajena, entreteniendo mis horas muertas jugando con tus labios.
German Fact II
Hallábame yo sentada en la segunda fila de una concurrida aula universitaria cualquiera cuando, al mirar a mi izquierda, mis ojos se posaron en una imagen difícil de creer. Tan difícil que hube de sacar una foto para tener una prueba gráfica.

Repito: segunda fila.
Este panorama te lo puedes encontrar en cualquier momento, a cualquier hora y de cualquier forma. Y nadie, nadie, lo encontrará extraño. Así como nadie encuentra extraño que la gente se saque un bocata o un tupper en medio de clase y se ponga a comer.
Que sí, que sí. Que los alemanes están más avanzados que nosotros.
Quiéreme tú, que yo no puedo
Soy un desastre.
Viviente, andante, pensante.
Ya lo sé. Ya me lo han dicho.
Ya me lo has dicho.
Y, ¿qué voy a hacer?
Si el único orden de mi vida
es el que tú me das.
Que soy un desastre, sí.
Pero lo soy un poco menos
Si pululando alrededor te encuentro.
¿Qué voy a hacer?
Si en mi cabeza no hay más que agujeros negros
que sólo desaparecen cuando tú me miras.
Que me quieras tú.
Ya te lo he dicho.
Que yo no puedo.
Viviente, andante, pensante.
Ya lo sé. Ya me lo han dicho.
Ya me lo has dicho.
Y, ¿qué voy a hacer?
Si el único orden de mi vida
es el que tú me das.
Que soy un desastre, sí.
Pero lo soy un poco menos
Si pululando alrededor te encuentro.
¿Qué voy a hacer?
Si en mi cabeza no hay más que agujeros negros
que sólo desaparecen cuando tú me miras.
Que me quieras tú.
Ya te lo he dicho.
Que yo no puedo.
German Fact I
Inauguramos sección.
German Fact, que se va a llamar.
Cada vez que intento crear una nueva sección en este blog acaba quedandose estancado en el fascículo I, así que esperemos que esta vez de más de sí.
El objetivo es breve y claro; como la gran mayoría ya sabe, una servidora se encuentra en las maravillosas germanias de Erasmus así que pondré aquí todo aquello que sea digno de mención sobre esos seres rubicundos y fortachones que pueblan este país.
Así que ala, motores a punto y comenzamos!
"En las piscinas alemanas la gente no usa gorro. Ea"
Sí, lo sé, no es un gran fact, pero es que me fascina.
Pseudomodelo
Pues eso, que hoy mi lozano rostro ha salido a la luz.
Aquí os dejo el link:
Desempolva el objetivo, nena
Aquí os dejo el link:
Desempolva el objetivo, nena
Feliz 2.0
Apenas puedo ver nada y empiezo a sentirme mareado. Mucho.
Nadie parece darse cuenta. Dos niños juegan a la pelota tan cerca de mí… y pienso que si ahora mismo, por alguna horrible desgracia, algo me pasara, nadie se enteraría. Me quedaría aquí, sólo, esperando a que alguien se diese cuenta, consumiéndose este puro entre mis dedos o, peor aún, entre mis labios.
El aire empieza a estar demasiado viciado, incluso para mi gusto. Seguramente una bocanada de aire fresco y puro (tan puro como puede serlo el aire de la ciudad) se llevaría consigo cualquier rastro de este estúpido e incómodo mareo. Pero no quiero abrir la puerta. Siento que si lo hago mi pequeño mundo se deshará en pedazos, la historia de mi vida se verá reducida a polvo derramado sobre la carretera, añicos minúsculos imposibles de volver a unir.
Y no es que me haya pasado nada extraordinariamente grave. Seguramente si abriese la puerta del coche nadie notaría nada; el mundo seguiría su curso, esa señora de ahí en frente seguiría paseando a ese perrito enano y ridículo y la vecina del cuarto seguiría regando las plantas sin inmutarse ni un ápice.
Nada extraordinariamente grave, no. Vamos, que no ha pasado nada de nada. Que aquí sigue todo igual, el crío sigue llegando a casa a las 5 cada tarde y Estela sigue recibiéndome con un beso y un abrazo. El jefe sigue gastando los mismos chistes malos y se sigue comportando…bueno, como un jefe. Sigo saliendo a tomar un café a media mañana y leyendo el periódico después de comer.
Supongo que la sociedad del bienestar no es tan positiva si, con todo mi entorno perfectamente ordenado, estoy encerrado en mi coche con pánico a abandonar un cubículo metálico. Supongo que algo parecido a esto experimenta la gente que tiene cosas como ansiedad; miedo a algo que no existe. Miedo a la idea de lo que pueda pasar. Miedo al cambio. Yo qué sé. Miedo a salir de un puto coche. A arrancar el motor.
Porque, tal vez, si me quedo quieto, quieto, quieto, nada en mi vida cambie y pueda mantenerlo todo así; estático, perfecto. Como hasta ahora.
A lo mejor si no muevo ni las pestañas consigo que la felicidad me dure un poco más.
Nadie parece darse cuenta. Dos niños juegan a la pelota tan cerca de mí… y pienso que si ahora mismo, por alguna horrible desgracia, algo me pasara, nadie se enteraría. Me quedaría aquí, sólo, esperando a que alguien se diese cuenta, consumiéndose este puro entre mis dedos o, peor aún, entre mis labios.
El aire empieza a estar demasiado viciado, incluso para mi gusto. Seguramente una bocanada de aire fresco y puro (tan puro como puede serlo el aire de la ciudad) se llevaría consigo cualquier rastro de este estúpido e incómodo mareo. Pero no quiero abrir la puerta. Siento que si lo hago mi pequeño mundo se deshará en pedazos, la historia de mi vida se verá reducida a polvo derramado sobre la carretera, añicos minúsculos imposibles de volver a unir.
Y no es que me haya pasado nada extraordinariamente grave. Seguramente si abriese la puerta del coche nadie notaría nada; el mundo seguiría su curso, esa señora de ahí en frente seguiría paseando a ese perrito enano y ridículo y la vecina del cuarto seguiría regando las plantas sin inmutarse ni un ápice.
Nada extraordinariamente grave, no. Vamos, que no ha pasado nada de nada. Que aquí sigue todo igual, el crío sigue llegando a casa a las 5 cada tarde y Estela sigue recibiéndome con un beso y un abrazo. El jefe sigue gastando los mismos chistes malos y se sigue comportando…bueno, como un jefe. Sigo saliendo a tomar un café a media mañana y leyendo el periódico después de comer.
Supongo que la sociedad del bienestar no es tan positiva si, con todo mi entorno perfectamente ordenado, estoy encerrado en mi coche con pánico a abandonar un cubículo metálico. Supongo que algo parecido a esto experimenta la gente que tiene cosas como ansiedad; miedo a algo que no existe. Miedo a la idea de lo que pueda pasar. Miedo al cambio. Yo qué sé. Miedo a salir de un puto coche. A arrancar el motor.
Porque, tal vez, si me quedo quieto, quieto, quieto, nada en mi vida cambie y pueda mantenerlo todo así; estático, perfecto. Como hasta ahora.
A lo mejor si no muevo ni las pestañas consigo que la felicidad me dure un poco más.
Házme feliz
Que me aspen si no han llegado mis ojos a apreciar bien lo que veían.
Que se lleve mi alma consigo una bruja endiablada si me alcanza la razón equivocada.
Que me sea negado todo lo bueno que el sino me reserva si mis conjeturas se demuestran erróneas. Que la locura me arrastre entre sus garras y la desgracia se adueñe de mi estirpe. Que la infelicidad se aloje entre los pliegues de mi ropa.
Pero no, creo que, por una vez, mi perezoso instinto ha hecho bien el trabajo que le ha sido encomendado.
Por una vez, parece ser que no se equivoca mi corazón al haber vislumbrado un ápice de amor en los oscuros y fríos ojos del apuesto caballero que me ha privado de mi adorado sueño y de mi valorada cordura durante los últimos meses y que no se halla en otro lugar ahora mismo que frente a mí, penetrando con su mirada hasta el fondo de mi alma y expectante de unas palabras que aún no logran salir de mi boca.
Me aborreceré si mis suposiciones resultan ser erróneas, y aunque quisiera también hacerle a él objeto de mi desprecio, tengo la desgraciada certeza de que nunca lo conseguiría, pues no puede despertar en mi interior sentimientos distintos del amor, el respeto y la pasión.
Apenas queda ya tiempo, el alba asoma y debo reunir las fuerzas para hacer manifiestos mis sentimientos. El pavor al rechazo me ha mantenido callada durante demasiado tiempo y me aventuraría a pensar que ni mi ser ni mi alma podrían soportar seguir así durante más tiempo, mucho menos para siempre.
Calla, pues, cabeza mía, y déjame hablar, la aurora ya nos ilumina y, tal vez, cuando el día despunte mañana nos regocijemos en felicidad y amor. ¿Cómo podría estar equivocada?
Que se lleve mi alma consigo una bruja endiablada si me alcanza la razón equivocada.
Que me sea negado todo lo bueno que el sino me reserva si mis conjeturas se demuestran erróneas. Que la locura me arrastre entre sus garras y la desgracia se adueñe de mi estirpe. Que la infelicidad se aloje entre los pliegues de mi ropa.
Pero no, creo que, por una vez, mi perezoso instinto ha hecho bien el trabajo que le ha sido encomendado.
Por una vez, parece ser que no se equivoca mi corazón al haber vislumbrado un ápice de amor en los oscuros y fríos ojos del apuesto caballero que me ha privado de mi adorado sueño y de mi valorada cordura durante los últimos meses y que no se halla en otro lugar ahora mismo que frente a mí, penetrando con su mirada hasta el fondo de mi alma y expectante de unas palabras que aún no logran salir de mi boca.
Me aborreceré si mis suposiciones resultan ser erróneas, y aunque quisiera también hacerle a él objeto de mi desprecio, tengo la desgraciada certeza de que nunca lo conseguiría, pues no puede despertar en mi interior sentimientos distintos del amor, el respeto y la pasión.
Apenas queda ya tiempo, el alba asoma y debo reunir las fuerzas para hacer manifiestos mis sentimientos. El pavor al rechazo me ha mantenido callada durante demasiado tiempo y me aventuraría a pensar que ni mi ser ni mi alma podrían soportar seguir así durante más tiempo, mucho menos para siempre.
Calla, pues, cabeza mía, y déjame hablar, la aurora ya nos ilumina y, tal vez, cuando el día despunte mañana nos regocijemos en felicidad y amor. ¿Cómo podría estar equivocada?
I want to eat you
Tal vez sea que una se siente en parte alemana, o maybe simplemente la vena románticona que hay en mí se ha despertado con esta foto tan adorable, pero me ha parecido merecedora de atención.
El Oktober Fest mola o qué?
Oktober Fest 2009
El Oktober Fest mola o qué?
Oktober Fest 2009
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