Todo es feo y tan horrible

El color se esparcía homogéneamente a lo largo de toda la superficie, llegaba hasta la línea que limitaba las fronteras y volvía hacia el interior coloreándolo todo de forma intensa. Los movimientos eran suaves y delicados pero dejaban ver la firmeza de quien sabe lo que hace. No se salía ni un ápice de su ruta, no temblaba lo más mínimo.
Era frente a aquel espejo cuando mejor se sentía, aunque sería más acertado decir que era frente a aquel espejo cuando sentía algo at all.
En sus manos, la barra de labios pronto cumplió su función y volvió resignada al fondo del cajón, donde pasaría meses hasta volver a ser usada.

Aquella noche salió hasta perder el sentido, hasta olvidarse de todo cuanto la rodeaba.

Cuando llegó a la segunda copa ya había olvidado su trabajo, la compañera que le hacía la vida imposible, el jefe que le echaba el aliento en la cara y las horas encerrada en un antro sin luz.
A la quinta bebió un Gin Tonic que, bajando por su garganta, se llevó por delante la enfermedad de su madre y su último atisbo de racionalidad.
Un trago más y no recordó al que un día fue el amor de su vida y que ahora seguramente se revolcaba entre las sábanas de algún hotel de carretera con una mujer de mala vida. Y con él, también se emborronaron todos los intentos fallidos que hubo después.

Entró en los baños y, tras demasiado tiempo en ellos, salió eufórica, abrazando a todo aquel que se cruzaba en su camino, hasta que uno la abrazó más de la cuenta y se la llevó a un rincón oscuro, mugriento y solitario del lugar.
Hallándose él en pleno éxtasis sexual comenzó ella a sentir una sensación extraña a la vez que familiar. La cara de él se volvió brillante y comenzó a difuminarse con el ambiente. Miró al fondo para ver que todo parecía desintegrarse en una masa uniforme de color blanco brillante. Sintió que las piernas le fallaban y acabó cayendo al suelo.

Era ese momento el que la hacía sentirse bien. El momento antes de perder la conciencia, el momento en que sabía que durante un buen rato no iba a volver a pensar o, más bien, sufrir, pues ella ya no pensaba, sólo sufría.
Se despertaría al día siguiente echa un desastre y se iría directa a la cama, a seguir no pensando.

Si se despertaba.

9 comentarios:

* Raquel * dijo...

Grandiosa forma de narrar esta historia.
Una vez más, me has maravillado.

* Raquel * dijo...

(qué repetitiva soy, joder)

Yopopolin dijo...

que bueno!! relato sordido, y realista, con ese punto aleccionador final que me ha encantado, ese "Si se despertaba" no podias haberlo colocado mejor. Genial!

un bso!

Miguel Casañas dijo...

Un poco triste, pero muy bueno :)

~Valeria Fluorescent. dijo...

Yo en vez de un Gin-tonic le ofrecería un café o un chocolate. Y le ofrecería mi hombro para que llorase un rato.

Alexxander dijo...

interesante...

jajaja gracias, de verdad? sí, mi amiga sabe sacarme de revista!! :)

gracias por pasarte, un besito y buena semana.

Alexx

Sil dijo...

Muy buena narracion!
un abrazo

Aprilis dijo...

Qué Duro ! Parece un relato sacado de Salinger... Genial, me encanta!

PD: "Parar de pensar, para de sufrir..." --> qué real !

Clementine dijo...

Me gusto :)
Alguna noche salí con esa finalidad... a beberme la noche hasta no recordar quien soy.
Un beso