Nunca

Hundió la nariz allí donde el cuello perdía su nombre; en aquel lugar recóndito entre la mandíbula y la garganta que hacía las veces de escondite contra lo malo.
Se enterró en la montaña de aromas que colmaban cada milímetro de la piel y sintió cómo todo su ser se relajaba a medida que el perfume entraba en su organismo.

Acariciando la suave fragancia cada esquina de su ser, se dejó ir por los entresijos que rodeaban, volteaban, giraban, subían y bajaban por las partes más profundas de su cuerpo.

Sintió sus pensamientos juguetear entre ellos. Empujarse, abrazarse, tropezarse, atascarse. Pelearse entre ellos por salir a la superficie. Sintió, de hecho, los pisotones del más fuerte. Aplastando con fuerza miedos, neuras, recelos, cobardías. Pánicos.

Así hasta que acabó formando una montaña con todos ellos, alzándose en la cumbre con gesto victorioso. Soberbio y altanero, habría sonreído si en su poder hubiese tenido un rostro al uso.

No pudiendo, hubo de conformarse con embriagar todo su cuerpo de estupidez, locura, ceguera, necedad, insensatez, imprudencia y algún que otro adjetivo que de seguro se nos escapa.

Subieron a su boca palabras de amor que aún no planeaba pronunciar. Huyeron entre sus dientes como si nunca nadie les hubiese puesto límites.

Y nunca nadie lo supo a ciencia cierta, pero juraría que hasta sintió dilatarse sus pupilas como si, en lugar de observar cada uno de sus movimientos, quisiese introducirle por lo oscuro de los ojos para no dejarle salir nunca jamás.
Me gusta decir voluptuosidad. Vo-lup-tuo-si-dad. Volup-tuosidad. La voluptuosidad en tus caderas se me atasca entre las muelas cuando hablo.

Sí, me gusta decir voluptuosidad, aunque no se si por la propia melosidad de la palabra o por la imagen automática que de ti se crea en mi cabeza.

Ya ves, también me gusta decir melocotón, pero cuando lo digo no pienso en ti. O sí, tal vez piense en tu piel de melocotón. Aunque no tiene sentido. Nunca entendí la expresión “piel de melocotón” como si fuese algo bueno. Nunca jamás he podido tocar un melocotón. Me da repelús. Repelús. Ahí tienes otra. Pues eso, que en verdad no puedo pensar en ti cuando digo melocotón porque me da repelús y nada en ti puede dar repelús. Repelús. Repelús. Pero decir melocotón mola cantidad.

Y linda. Linda es un adjetivo maravilloso. Si algún día tengo una hija pienso decírselo todos los días. Me levantaré y cuando la vea le diré “pero qué linda eres”. Algún día tal vez lo cambie por bonita, que es otra palabra que me tiene comiendo de su mano.

Linda. Linda es una palabra que la gente apenas usa. Y no lo entiendo, porque dice tantas cosas de una vez que debería ser imposible no utilizarla. Y no es que decir linda me guste especialmente. Antes diría estupendo, por ejemplo, porque notas la lengua juguetear entre los dientes y eso mola. Si, antes diría estupendo que linda, pero claro, hay ciertos momentos en la vida en que no puedes sustituir uno por otro y en esos momentos…linda es una gran palabra.

Y pensarás que me está fallando la cabeza, que ya no sé lo que digo, que he perdido el juicio y que estoy desquiciado. Pero no, qué va. Lo que pasa es que no siempre es fácil encontrar la palabra que se quiere en ese determinado momento, por eso es bueno ir pensándolo con tiempo.

A ver si te crees que es fácil pensar con tus ojos color aceituna-de-las-ricas-de-kiosko colgando de mis pestañas. Es lo más difícil del mundo, ¡carajo!



** Por cierto, deberíais haceros asiduos de este personaje:

German Fact III

En realidad no es esto un German Fact general a todo el país.
Es un Fact que hace referencia a una única persona con la que he tenido la desgracia de convivir.
Un malnacido que me roba la comida.
MI comida.
Abre mi cajón de la nevera, saca mi tuper, lo calienta y se lo come.
Me ví obligada a tomar medidas desesperadas recurriendo a un triste candado de bicicleta.
Si en algún momento deja de funcionar, no os preocupéis, ya sé dónde venden laxante.



Tempestad

Me gustaba el tornado en tu mejilla cada vez que sonreías.
La espiral en tu pupila que me hacía enloquecer cada vez que me mirabas.

Me dejaba llevar por la corriente de tu voz hasta perder el control
y me encantaban las ráfagas de amor y desenfreno que despertabas con tu aliento, formando un torbellino entre mis sábanas.

Y yo.
Y yo.

Yo, que era un vendaval, un ciclón, una tempestad cuando te acercabas.

Yo que transformaba todo mi ser para fundirme junto a ti en una amalgama de tequieros y abrázames.

Yo, que enloquecí junto a ti y me producía urticaria cada segundo sin tu piel.

Tú, con remolinos en tus dedos acariciando mi espalda.
Tú y la vorágine con la que empapelaste mi vida.

Tú. Arrastrando contigo el último ápice de mi cordura.

Y yo mientras tanto, ajena, entreteniendo mis horas muertas jugando con tus labios.

German Fact II

Hallábame yo sentada en la segunda fila de una concurrida aula universitaria cualquiera cuando, al mirar a mi izquierda, mis ojos se posaron en una imagen difícil de creer. Tan difícil que hube de sacar una foto para tener una prueba gráfica.





Repito: segunda fila.

Este panorama te lo puedes encontrar en cualquier momento, a cualquier hora y de cualquier forma. Y nadie, nadie, lo encontrará extraño. Así como nadie encuentra extraño que la gente se saque un bocata o un tupper en medio de clase y se ponga a comer.

Que sí, que sí. Que los alemanes están más avanzados que nosotros.

Quiéreme tú, que yo no puedo


Soy un desastre.
Viviente, andante, pensante.
Ya lo sé. Ya me lo han dicho.

Ya me lo has dicho.

Y, ¿qué voy a hacer?
Si el único orden de mi vida
es el que tú me das.

Que soy un desastre, sí.
Pero lo soy un poco menos
Si pululando alrededor te encuentro.

¿Qué voy a hacer?
Si en mi cabeza no hay más que agujeros negros
que sólo desaparecen cuando tú me miras.

Que me quieras tú.
Ya te lo he dicho.
Que yo no puedo.

German Fact I

Inauguramos sección.
German Fact, que se va a llamar.


Cada vez que intento crear una nueva sección en este blog acaba quedandose estancado en el fascículo I, así que esperemos que esta vez de más de sí.


El objetivo es breve y claro; como la gran mayoría ya sabe, una servidora se encuentra en las maravillosas germanias de Erasmus así que pondré aquí todo aquello que sea digno de mención sobre esos seres rubicundos y fortachones que pueblan este país.
Así que ala, motores a punto y comenzamos!



"En las piscinas alemanas la gente no usa gorro. Ea"


Sí, lo sé, no es un gran fact, pero es que me fascina.
Que la cama más pequeña del mundo deja demasiado espacio entre tú y yo.

Que un pedazo de tela entre nosotros se me antoja un muro de acero.




Que quién quiere una almohada pudiendo dormir entre tus brazos.

Smile

Sonríe, sonríe, sonríe.

Si terminas de ver este corto y no has, siquiera, esbozado una minisonrisilla es que por tus venas corre de todo menos sangre.






Y ya que hablamos de cortos... échale un ojo al que ha colgado Yopopolin en su blog.

Pseudomodelo

Pues eso, que hoy mi lozano rostro ha salido a la luz.

Aquí os dejo el link:

Desempolva el objetivo, nena