¡Mecachis en la mar! Tres días de clase y ya hay profesores sacando de quicio al personal. Enervándome tanto que me hacen perder mi récord de entradas “literarias” consecutivas en el blog para dar rienda suelta a mi irascibilidad contra esos energúmenos que llegan a clase, se sientan en esa mesa grandota y empiezan a vacilar así, tan gratuitamente…
Y es que sobran las palabras cuando puedo citar textualmente algunas de las que pasarán a ser estamentos básicos del Manual del Mal Profesor (MMP):
- Todo alumno que llegue a 4º de carrera con un número de libros sobre [psicología] inferior a 60 en casa no vale para nada.
(Creo que aún no ha descubierto la existencia de las bibliotecas. Te dejan
un libro, chupeteas el conocimiento y lo devuelves. ¡Voilá! Sabes más y con más
espacio en casa, ¿cómo? Magia Borrás)
- Todo alumno que venga a la universidad y coma en casa con sus padres no es un universitario de verdad, es como si nunca hubiese dejado el instituto. Igual que los alumnos que duermen en casa o que en 30 minutos llegan en bus a la universidad.
(Claro, cierto es que mejor sería que tuvieran que caminar por caminos
polvorientos durante días para llegar a la fuente del conocimiento que son sus
clases)
- ¿Qué es eso de que haya universidades en cada pueblo? ¡Me acuerdo yo de cuando te tenías que desplazar, como debe ser!
(¡Eso, eso! ¿Qué es eso de la cultura tan cerca del populacho? ¡Pero bueno!)
En fin Serafín, que hay para dar y regalar y no tengo hoy mucho cuerpo para seguir rememorando. De todas formas he aprendido algo valioso que quiero compartir con vosotros, amables personitas que me leéis de vez en cuando :)
Hay una cosa denominada efecto Charcot (o Chucrut, como a mí me gusta llamarlo) que consiste en el fenómeno según el cual el psicólogo encuentra lo que él mismo propaga. Vamos, para explicarlo y que todo el mundo lo entienda. El Charcot éste es de la época de Freud y organizaba unos “espectáculos” (que entonces no eran considerados espectáculos) en los que presentaba a una paciente con histeria a una serie de médicos, escritores, etc y les describía los síntomas de la paciente. De lo que este señor no se daba cuenta era que al describir lo que esperaba que ocurriera, la paciente acababa por llevar a cabo lo que el doctor contaba. Es decir, la tía interpretaba lo que el médico decía. O sea, un teatrillo al fin y al cabo que lo que nos viene a decir es algo así como que si yo ahora cojo y me pongo a decirle a alguien “Oye, te veo super nervioso, no ves que te sudan las manos, pero ¿qué te pasa? En serio, tienes muy mala cara, ¿qué tienes? ¿qué te pasa? ¿qué sucede?” da igual que no estuviera nervioso, al final lo acaba estando de aguantarme y, mira tú por dónde, mi hipótesis inicial ha sido confirmada.
Pues bien, ¿qué es lo que he aprendido? Que hay profesores que creen que el efecto Chucrut sigue existiendo y que se puede aplicar a cualquier persona, en cualquier lugar y circunstancia. Así que ellos llegan y nos cuentan la milonga de que son buenos profesores y los muy estúpidos creen que nosotros vamos a ser como la histérica de Charcot y les vamos a seguir el rollo.
¡NO SEÑOR!
Así que unámonos por una buena causa.
Campaña para la erradicación de los profesores-escoria de las aulas
(después ya nos ocuparemos de tirar Bolonia por el retrete)
**12 meses. 1 causa**
- Reeditado en Julio de 2010: Este profesor terminó siendo sumamente maravilloso. Es un señor agradable, achuchable y dicharachero. Un ejemplo más de que, a veces, y sólo a veces, la primera impresión no siempre cuenta. -

Charcot y la histérica (Blanche Wittmann) en uno de sus shows de los martes